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Se expresan los adultos mayores Sensaciones en el camino a la cima del Aconcagua Jorge Arroyo Introducción: Este breve relatoque fui escribiendo día a día, en lo que fue una de las experiencias mas importantes de mi vida, y que estoy convencido, me ha marcado para siempreal hacer con mucho esfuerzo, un sueño realidad. No pretende ser un escrito técnico sobre andinismo, ni un libro de aventuras, sino los sentimientos, pensamientos y emociones que a los 54 años sentí, al escalar la montaña mas alta de occidente. Normalmente no son expertos, pero sus ambiciones y fantasías son lo bastante fuertes para arrinconar las dudas que hombres mas cautos podrían abrigar. La determinación y la fe son sus mejores armas. Mítica mole que eleva su cima hacia los astros, mientras su sombra se proyecta desde el desierto hasta el océano. Escenario de historias poco comunes, de grandes gestos de coraje y heroísmo.

Al acercarse a la playa cada lacre se alzaba, se amontonaba sobre si misma, rompía, y se deslizaba un sutil velo de agua blanca sobre la arena. Poco a poco, la oscura raya en el horizonte se aclaraba, como si las partículas suspendidas en una vieja botella de alcohol hubieran descendido al fondo, dejando escabroso el vidrio. La superficie del océano se hizo despacio transparente, y estuvo destellante y rizada hasta que las oscuras barras quedaron casi borradas. Un arco de fuego ardía en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar lanzaba llamas doradas. Y luego a otra. Hubo una pausa. El sol dio relieve a los muros de la casa, y se posó como la punta de un abanico cerrado en una blanca persiana, dejando una azul huella dactilar de sombró bajo la hoja adosado a la ventana del dormitorio. La persiana se movió lentamente, pero dentro todo era penumbra sin sustancia. Patea, patea, patea.

Ajetreado por ella, al día siguiente se encaminó hacia el Oeste, hacia esa línea blanca que brillaba en el horizonte y que alguien le había dicho que era la cordillera. Incluso así la trepó y cuando dejó de verla tuvo la misma efecto de infinitud que le causaban la llanura y el mar. II Pi soñó que una serpiente albina se deslizaba sobre él y, cuando sintió la sutil respiración en su busto, la atrapó por la cabeza. Escasamente lo hubo hecho, una avecilla blanca se posó en él y con su dulce cucu cucu lo arrulló adormeciéndolo de gozo hasta que sintió un fuerte dolor en el busto. Durante un largo rato Pi se entregó a esa quietud y dejó que su mirada viajara como una nave extraviada por el negro aforo donde las estrellas flotaban como medusas fosforescentes en el océano. Aspiró el aire cargado de los olores a pino y a tierra mojados por la lluvia de la pasada galerna, bebió unos tragos de whisky, escribió un poema que luego lanzó a la noche y, finalmente, volvió a entregarse a la inmovilidad con los ojos fijos en el cielo.

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